RENOVAR EUROPA / Lurdes Auzmendi Aierbe

LO FEDERAL EN LOS MEDIOS

10.05.2019

13.05.2019 

El ideal europeo y su plasmación en la Unión Europea han sido fuente de libertad, progreso y solidaridad. El sueño de la Unión ha alumbrado las primeras generaciones que no han conocido la guerra en su suelo y el proceso de integración que se extiende a 28 países ha hecho posible un gran progreso económico y social.

Sin embargo, la UE está atravesando un periodo particularmente crítico. La crisis económica puso de manifiesto las limitaciones de la gobernanza económica y social de la eurozona y las carencias de una unión económica y monetaria incompleta. La inadecuada gestión de la crisis financiera que la alargó en el tiempo agravó los desequilibrios dentro del continente, entre norte y sur, entre este y oeste y entre acomodados y excluidos.

La irrupción de la crisis de los refugiados ha mostrado también su incapacidad para establecer una política común y adecuada para afrontar de forma eficaz un problema humanitario de tales dimensiones. Las debilidades y contradicciones del sistema de gobernanza no han permitido disponer de una política común de migración, asilo y fronteras.

Egoísmos nacionales y falta de visión, voluntad y capacidad han impedido realizar las reformas necesarias. Como resultado, ha disminuido la adhesión al proyecto y han crecido quienes no perciben a la UE como garantía de bienestar económico y social. Diversas organizaciones aprovechan el descontento. Recobran fuerza ideologías intolerantes, excluyentes y reaccionarias. Y se pone en peligro el proceso de integración, la calidad de la democracia y las garantías del Estado de Derecho.

Se dice que fracasar no es caer, sino desistir de levantarse. Nuestro futuro es y está en la Unión. Cada Estado por separado pierde relevancia en el mundo. Y más en este momento de la historia en el que nos enfrentamos a enormes retos globales.

Pero hay quienes pretenden retroceder en la integración europea, recuperando competencias para los Estados miembros y que la UE sea solamente un mercado común, sin normas sociales ni medioambientales comunes; sin jurisdicción capaz de proteger los derechos fundamentales de la ciudadanía; sin mecanismos de cohesión social y territorial; sin libertad para la movilidad de los trabajadores y trabajadoras; sin políticas compartidas de empleo, protección social, salud pública, cultura, educación y formación, investigación, industria, energía, transporte o protección civil… Frente a todo ese vaciado de contenido, la alternativa es reforzar en sentido federal las instituciones comunitarias.

En nuestro manifiesto fundacional, Federalistas del País Vasco mostrábamos el compromiso con una Europa social y política más cohesionada y pedíamos que la UE se gobernase en un sentido crecientemente federal. Seguimos considerando que es el camino para avanzar, para conseguir un funcionamiento más eficiente y con capacidad de intervención inmediata ante situaciones críticas.

Una Europa económica, social y políticamente más cohesionada será una Europa más federal y con políticas comunes en más ámbitos. Su sistema de gobierno implicará un paulatino debilitamiento de los elementos confederales –intergubernamentales-, que todavía lo lastran, y un reforzamiento de los de naturaleza federal, que garanticen una mayor y mejor integración. La UE necesita reforzar esa voluntad de seguir avanzando hacia lo expresado en el mismo hecho fundacional.

Con menos Europa fracasaremos irremediablemente. No lograremos ser más libres ni dominar más nuestros destinos, sino menos. Colaborar, cooperar, compartir es la única posibilidad de competir hoy.

Atribuir a la UE mayores tareas y competencias debe acompañarse de una mejora de su funcionamiento: que el Consejo Europeo se dote de procedimientos más transparentes y una gobernanza más eficiente con mayor vigilancia de su actuación, que la Comisión se someta al control democrático de sus propuestas, que el Parlamento Europeo disponga de más capacidad legislativa y presupuestaria.

Junto a ese Parlamento que renovaremos, otras instituciones europeas han de desempeñar nuevas y más importantes tareas: el Comité de las Regiones debe reforzar su papel consultivo con un enfoque federal, y el Comité Económico y Social ha de ser tenido en cuenta en mayor medida como representante de la sociedad civil.

Todo esto estará en parte en manos de las diputadas y diputados que elijamos en las próximas elecciones. Les elegirán personas que han podido observar todo lo positivo que ha aportado la UE. Pero la vinculación a la Unión Europea de estas generaciones actuales y de las futuras no puede reposar únicamente en el recuerdo. Enfrente tenemos retos muy importantes, algunos producto de lo que no hemos resuelto todavía o errores que se podrían repetir, y otros, como los derivados del desafío ambiental, fundamentales para un futuro en el que Europa puede y debe ser el mejor referente.

Las políticas de la UE han pasado inadvertidas en las pasadas elecciones. Parecía (equivocadamente) que no formaban parte de los retos que debería asumir el nuevo gobierno, cuando por el contrario, cada vez la política europea es menos internacional y más nacional.

Ahora es la ciudadanía europea la interpelada. Puede avanzar, impulsar una mayor cohesión económica, social y territorial de Europa para afrontar mejor sus problemas, para materializar más adecuadamente el principio democrático, para una mejor realización de la solidaridad, es decir, para ganar; o por el contrario puede retroceder, desmantelar la integración, renacionalizar las políticas, levantar fronteras, esto es, puede apostar por replegarse, recluirse y perder.

Federalistas del País Vasco interviene para que la campaña electoral no facilite un nuevo rapto de Europa. Queremos aprovechar esta ocasión de decidir sobre su futuro y pedimos que los debates políticos tengan la altura, inteligencia y pedagogía adecuadas.