La Constitución de 1978 estableció un sistema de autonomías territoriales sólido y duradero, similar al de los países federales de larga tradición en el mundo democrático. Su expresión más evidente es la experiencia vasca de autogobierno. Sin embargo, el reconocimiento de ese enorme logro histórico no puede hacernos ignorar sus actuales problemas de funcionamiento. Porque tiene importantes cuestiones que afrontar y solucionar, si no quiere fracasar.
Y la vía para hacerlo es una urgente reforma de la Constitución Española, de carácter federal, en base a los principios de la cooperación, la lealtad institucional y la solidaridad.
Frente a las visiones negativas de quienes consideran que el federalismo no permite un correcto funcionamiento del Estado, se trata de afirmar lo contrario, que, con las reformas federales, España funcionará mejor. Debemos tener en cuenta que gran parte de los grandes países democráticos en el mundo son Estados federales eficaces.
La España de las Autonomías es “casi” un Estado Federal. Pero es que en el “casi” donde está el problema para un mejor funcionamiento del Estado. El actual Senado no llega a ser una Cámara territorial (Senado Federal). El sistema de distribución de competencias entre el Estado y las CC.AA. así como el sistema de financiación autonómico, ocasionan grandes controversias jurídicas y políticas que nos aleja de los sistemas federales. Se han puesto en marcha recientemente las Conferencias de Presidentes y las Conferencias Sectoriales, pero no tienen un marco institucional adecuado, pues se convocan a iniciativa del Gobierno de turno.