El proceso de integración europea es la historia de un gran éxito político, económico y social. Hemos vivido en paz, consolidado la democracia, alcanzado un gran desarrollo económico y mejorado la cohesión social y territorial. Ha crecido el número de Estados miembros: de los seis fundadores hasta los 27 en la actualidad. Nuevos candidatos desean incorporarse, como Ucrania y varios países de los Balcanes.
Pero el mundo de ayer ya no existe. Se están desmoronando las alianzas, y el sistema de normas internacionales está siendo desmantelado. La administración ultranacionalista del presidente Trump ha decidido que quiere destruir ese sistema y la propia Unión Europea, y en ese objetivo coincide con la Rusia de Putin, que continúa con la invasión de Ucrania. Un objetivo que comparten diversas fuerzas nacionalistas y de extrema derecha dentro de nuestra casa. China tiene un papel internacional cada día más relevante, y la India y otros países emergentes de América, Asia y África luchan porque sus intereses estén también en la agenda internacional.
La Unión Europea de Federalistas ha sido siempre el motor y el laboratorio de las ideas que han impulsado la Unidad Europea, desde el Congreso de La Haya en 1948 hasta nuestros días. Precisamente, el pasado mes de marzo hemos celebrado en Barcelona el XXIX Congreso en el que hemos elaborado nuevas propuestas dirigidas a las Instituciones europeas, a los Gobiernos y a la ciudadanía.
Europa debe tener una política internacional más proactiva, que pueda defender los valores de la paz entre los pueblos y la colaboración multilateral entre los Estados, en el marco de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas internacionales. La defensa de los valores de la paz y la seguridad y en contra de las guerras es la única actitud moral y política que el federalismo entiende.
La construcción europea tuvo un enfoque federal desde sus inicios. Con el paso de los años y las distintas incorporaciones se fueron modificando los tratados para atribuir nuevas competencias a las Instituciones europeas. Algunas de estas son exclusivas de la UE, otras lo son compartidas con los Estados, y otras siguen siendo exclusiva competencia nacional. El principio de subsidiaridad es de naturaleza federal.
El método de gobernanza federal ya se aplica en los asuntos fundamentales como el mercado interior, la política comercial y la agricultura y pesca. La libertad de circulación de personas, de mercancías, de servicios y de capitales están garantizadas y no las puede bloquear ningún país.
Pero para muchas otras políticas, la Unión Europea sigue funcionando todavía con sistemas y procedimientos inoperantes: el método intergubernamental. Con 27 Estados miembros ahora y más en el futuro, y en un mundo que cambia con rapidez, no es posible tomar las decisiones adecuadas a través de la regla confederal de la unanimidad que aún se mantienen para muchas áreas.
Es el momento de dar un salto hacia delante y acordar nuevas políticas comunes en los asuntos que hoy los vetos de algunos gobiernos rechazan, como la política exterior, defensa y seguridad; las políticas y normas fiscales y la mayor parte de las sociales; el desarrollo de un mercado europeo de capitales y el euro digital; la unión de la energía, las redes europeas, y las políticas de inmigración y asilo que respeten plenamente los derechos humanos.
Pero como para modificar el Tratado es necesaria también la unanimidad confederal, la única manera de superar este bloqueo es utilizar el sistema de las cooperaciones reforzadas que está previsto en el Tratado. Un sistema a través del cual varios Estados miembros, al menos nueve, adoptan voluntariamente, las políticas comunes que consideran necesarias.
Cada situación y cada política son peculiares, pero ya se utilizó este procedimiento en otras circunstancias, con el tratado Schengen sobre la libre circulación de personas, con la creación de la fiscalía europea, con la regulación del matrimonio y el divorcio y un procedimiento similar se utilizó con el euro.
Solo de esta manera Europa podrá poner en marcha las políticas que son necesarias para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía europea, aumentar su competitividad y reforzar su papel positivo en el mundo.
Luis Miguel Pariza Castaños
Junta Directiva de Federalistak UEF – Vicepresidente de UEF España